
04
2025Ahora que papá no está
Oda al pensamiento crítico (Nuevo historia y vídeo en mi canal de YouTube)
Ahora que papá no está, al calor de una taza de café recién hecha, de la voz rota de Leonard Cohen, reflexiono sobre sus enseñanzas, mientras intento cubrir su vacío viendo vídeos de Youtube que me recuerden a él, sus recursos históricos, su rico lenguaje y su permanente pensamiento crítico. El me enseñó a beber en los clásicos cuando la vida intenta colocarte en su sitio. Grecia, su cultura, su legado, su filósofos, sus gineceos, sus batallas, dioses, mitos me enseñaron que desde hace, por lo menos, 5000 años AC, el hombre y sus eternas dudas exitenciales son las mismas y aquellos hombres, sabios, sin tecnología, sin inteligencia ficticia, ya nos dieron la solución a toda esa batalla que libramos contra la homogeneización del pensamiento que hora impera. Me he dado cuenta de que todos nos ofrecen los mismos consejos, los mismos remedios, las mismas soluciones, las mismas noticias, elevando a la enésima potencia mi sensación de que me toman por tonto o muy tonto. Cuando esta ola nos invade cada día, debemos, en nuestras costas, estar preparados como se preparaban los aguerridos troyanos, para sacar nuestros barcos cargados de pensamiento crítico, o sea, un timón lo suficientemente fuerte para no dejarse engañar por toda esta moda repleta de humo, nada, repetición y copia. Cada día hecho de menos más a papá porque profundizar ya no es tarea de hombres corrientes. Y filosofar o leer viejos poemas de Homero o clásicos de Roma, queda para un rincón tan clandestino que, por semanas, meses o años, me voy a acercando cada vez más a Séneca. Dice Pérez Reverte que lo peor del ser humano es la estupidez. Y creo que es lo que más abunda en la ruidosa nada que lisérgicamente nos resta, segundo a segundo, todo atisbo de crear, cimentar, y levantar un verdadero pensamiento crítico. Tras esa estupidez está la nada. Y ya sabemos lo que es la nada. Nada.
Now that Dad is gone, warmed by a freshly brewed cup of coffee and the broken voice of Leonard Cohen, I reflect on his teachings while trying to fill his absence by watching YouTube videos that remind me of him—his historical resources, his rich language, and his ever-critical thinking. He taught me to drink from the classics when life tries to put you in your place. Greece—its culture, its legacy, its philosophers, its gynaeceums, its battles, its gods, its myths—showed me that for at least 5000 years BC, man and his eternal existential doubts have remained the same. And those men—wise, without technology, without artificial intelligence—had already given us the solution to this battle we fight against the homogenization of thought that now prevails. I have realized that everyone offers the same advice, the same remedies, the same solutions, the same news, exponentially increasing my feeling that they take me for a fool—or worse, a great fool. When this wave invades us daily, we must be prepared, as the fierce Trojans once were, to launch our ships filled with critical thinking—a rudder strong enough not to be deceived by this trend of smoke, nothingness, repetition, and copy. Every day, I miss my father more because delving deeply is no longer a task for ordinary men. And philosophizing or reading old poems by Homer or classics from Rome is now so clandestine that, week by week, month by month, year by year, I find myself drawing closer to Seneca. Pérez-Reverte says that the worst trait of humanity is stupidity. And I believe it is what abounds most in the noisy nothingness that, like a lysergic haze, strips us—second by second—of every trace of creation, foundation, and the construction of true critical thought. Beyond that stupidity lies nothingness. And we already know what nothingness is. Nothing.
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